EL CRIMEN DE SITRAMA DE TERA

Como cualquier otro pueblo, Sitrama cuenta con su particular crónica negra de crímenes y sucesos. Fueron por ejemplo muy notorios el Crimen de los Alcaldes de 1928 y el Crimen del Cartero de 1947. Pero el Crimen de Sitrama por antonomasia, el que mereció los titulares de la prensa zamorana y madrileña, fue el que tuvo lugar hace casi 120 años, el 21 de enero de 1907.

Lo que lo convierte en único son la profesión de los protagonistas y los motivos del homicidio. La mayoría de los crímenes rurales se deben a robos, reyertas, disputas familiares y venganzas entre vecinos. En el caso de Sitrama, el matador fue el propio maestro de escuela; las víctimas, el juez municipal, que acabó muerto, y el párroco del pueblo, que se salvó de milagro; y los motivos, las diferencias ideológicas irreconciliables que desembocaron en odios personales.

La tragedia se fraguó y explotó en tan sólo seis meses. En julio de 1906, Marciano Centeno Lobato comenzó a trabajar en la escuela de Sitrama como maestro interino. De inmediato sus métodos pedagógicos causaron suspicacia y desagrado en el pueblo. El nuevo maestro era republicano y masón, y las sospechas de que intentaba inculcar a sus alumnos el desprecio a la religión y la monarquía le hicieron chocar contra las autoridades y la mayoría de los vecinos. Primero fueron diferencias corteses, luego discusiones elevadas de tono, después burlas y desplantes, más tarde ataques en público y por último la hostilidad manifiesta.

Un escrito de burla hacia las ánimas del Purgatorio en plena época de Todos los Santos rompió todos los puentes entre el maestro y los vecinos, que exigieron su destitución e incluso expulsión del magisterio. Asustado ante la perspectiva de quedar en la miseria, Marciano Centeno cayó en la paranoia. Y en una discusión por una licencia de caza acabó disparando al juez, Higinio Barrios García, y al párroco, a los que consideraba culpables de su desgracia.

El juicio se celebró en octubre de 1907 y atrajo una gran expectación y cobertura por parte de la prensa, tanto zamorana como madrileña. En aquella época no existía ningún respeto por la privacidad ni la protección de datos, así que los periódicos reprodujeron con todo detalle las declaraciones de los testigos. Todos ellos son algunos de los vecinos de Sitrama de ese año, identificados por su nombre y apellidos. Sus descendientes podrán reconocerlos fácilmente, y apreciar el efecto que provocaban sus palabras tanto en el tribunal como en el público:

    • Francisco Alvarez García (testigo del crimen)
    • Esteban Barrios García (juez sustituto)
    • Higinio Barrios García (juez municipal)
    • Celestino Bermejo (niño por entonces)
    • Juan Manuel Bermejo (niño por entonces)
    • Sebastián Centeno Zurro (testigo del ataque al cura)
    • José Escudero García (molinero)
    • Sixto Fernández Molezuelas (testigo del ataque al cura)
    • Gregorio Ferrero Rodríguez (alcalde)
    • Marcos Fidalgo Yáñez (secretario municipal)
    • Lorenzo Furones Miñambres (labrador, testigo del crimen)
    • Isidoro Gallego Furones (labrador, testigo del crimen)
    • Carlos García Domínguez
    • Santiago García Fernández (mesonero, testigo del ataque al cura)
    • Fermín García Fernández
    • Juan García García
    • Marcelo González
    • Pedro Huerga García (labrador, testigo del crimen)
    • José Lobato
    • Gabriel Pastor (labrador, testigo del ataque al cura)
    • Simón Prieto Alvarez
    • Diego Rodríguez Barrios (testigo del crimen)
    • Marcos Turiel
    • Celedonio Vara (niño por entonces)
    • Manuel Vara Velasco (testigo del crimen)

No sospechaban que este profesor trataría de inculcar a sus discípulos las ideas contrarias a la religión, quebrantando de este modo en Sitrama el orden moral.

— El Correo de Zamora, 23 de octubre de 1907

Juicio por Crimen Sitrama de Tera 1907

UN ARTÍCULO EN "BRIGECIO"

Descubrí este suceso en plena Pandemia, cuando la inactividad me llevó a ojear periódicos antiguos por Internet en busca de información sobre Sitrama. La abundancia de titulares sobre El crimen de Sitrama de Tera o La causa de Sitrama de Tera atrajo de inmediato mi atención, que aumentó en cuanto leí las noticias de los periódicos y la crónica pormenorizada del juicio. Apareció ante mí una historia apasionante que había puesto el nombre de Sitrama de Tera en boca de todo el mundo y que sin embargo se había olvidado por completo.

Ansioso por saber más, rastreé toda Internet y me puse en contacto con cualquier organismo que pudiera proporcionar alguna migaja de información. La Biblioteca Nacional, para que me mandara copias del Correo de Zamora. El Centro Documental de la Memoria Histórica, que me facilitó los antecedentes masónicos de Marciano Centeno. El Archivo del Ministerio del Interior, que me remitió su expediente de prisiones. Y el Archivo General de la Administración, que tardó más de un año en enviarme su expediente de depuración como maestro.

Con todos esos ingredientes escribí un relato que envié al Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, una institución dedicada a investigar y divulgar los valores históricos, artísticos y culturales de Benavente y su Comarca. Se publicó en el número 33-34 de la revista Brigecio, correspondiente a 2024.

Es una historia triste, que se prolonga más allá del crimen y su posterior juicio. De hecho, sus consecuencias llegaron, aunque fuese de manera indirecta, hasta treinta años después de los hechos. Desenterrar a los muertos del pasado puede ser una experiencia arriesgada pero así mismo necesaria. Nos permite comprender la mentalidad de aquella época, los valores que guiaban a la gente y los problemas que les obsesionaban, tan diferentes de los actuales.

Puede descargarse el artículo en el siguiente enlace:

Revista Brigecio núm. 33-34 2023-2024

En 1907, el maestro de escuela de Sitrama de Tera asesinó al juez municipal y trató de matar al párroco. Sus consecuencias llegaron hasta la Guerra Civil Española.

— Revista Brigecio, núm. 33-34, 2024

Referencias